Las plantas vivaces como base estructural del jardín naturalista
Luis Francisco Martínez ZahoneroCompartir
Introducción: las vivaces como columna vertebral del jardín moderno
Las plantas vivaces son, sin duda, el verdadero sostén del jardín contemporáneo. Hoy nos parece evidente, pero no siempre fue así. Durante décadas fueron consideradas un interés minoritario frente a arbustos, anuales o grandes masas de color.
Sin embargo, cuando se observa el jardín desde una perspectiva estructural y estacional, la vivaz deja de ser un elemento ornamental puntual para convertirse en la materia viva que construye el espacio.
En nuestro vivero en Asturias trabajamos precisamente desde esa idea: no seleccionamos una planta solo por su floración, sino por su comportamiento completo a lo largo del año.
La pregunta clave no es únicamente “¿cómo florece?”, sino “¿qué aporta antes, durante y después de la floración?”.

1. Cambiar el criterio: de la flor al comportamiento completo
Uno de los grandes cambios en la forma de entender las vivaces fue empezar a mirarlas fuera de su momento de máxima floración.
Aprender a valorar:
- La estructura del tallo.
- La persistencia de las inflorescencias secas.
- La silueta invernal.
- La textura del follaje incluso en decadencia.
Mirar una planta fuera de su “prime time” transforma el diseño. Deja de tratarse de un jardín que depende del instante y pasa a ser un jardín que funciona por capas, por ritmos y por permanencias.
En la práctica, esto implica que una vivaz no se evalúa solo por su color, sino por su capacidad de mantenerse en pie, de sostener su forma tras la floración y de integrarse visualmente en otoño e invierno.

2. Morfología y persistencia: criterios reales de selección
Cuando seleccionamos vivaces para plantaciones duraderas, hay tres aspectos fundamentales:
a) Arquitectura
La verticalidad, la rigidez y la estructura del tallo determinan su papel en el conjunto. Una planta que colapsa tras la lluvia pierde valor estructural, aunque su flor sea espectacular.
b) Persistencia estacional
Las cabezas de semilla y los tallos secos no son restos que eliminar de inmediato; son parte activa del diseño. Aportan textura, capturan la luz baja del otoño y sostienen interés durante el invierno.
c) Longevidad
No todas las vivaces envejecen igual. Algunas pierden vigor rápidamente; otras se estabilizan y mejoran con los años. En plantaciones naturalistas buscamos especies que funcionen en el largo plazo, no solo en el primer año.
La revisión constante de la selección es parte natural del proceso. A medida que aparecen cultivares más fiables o especies mejor adaptadas, el criterio evoluciona.

3. De interés minoritario a base del diseño contemporáneo
Hubo un momento en que las vivaces eran una especialidad casi marginal. Hoy son el eje de muchos jardines privados y espacios públicos.
Este cambio no es estético únicamente; es funcional. En proyectos de mayor escala, especialmente en espacios públicos, la fiabilidad y el bajo mantenimiento son esenciales. Eso ha dirigido la selección hacia variedades:
- Resistentes.
- Estables.
- Capaces de formar masas coherentes.
- De mantenimiento moderado.
La vivaz adecuada no compite con el diseño: lo sostiene.

4. Aplicación práctica en un vivero atlántico
En el contexto húmedo del norte de España, la teoría se traduce en decisiones muy concretas.
Evaluar fuera de la floración
Observamos nuestras plantas en verano avanzado, en otoño y en invierno. Si la estructura desaparece tras la flor, esa planta pierde interés estructural.
Resistencia a lluvia y humedad
En climas atlánticos, la persistencia del tallo y la capacidad de mantenerse erguida tras episodios de lluvia intensa son determinantes.
Plantar en comunidad
Las vivaces no funcionan como ejemplares aislados, sino como parte de una comunidad vegetal. Agrupadas en masas o combinadas con gramíneas, construyen ritmos y contrastes duraderos.

5. Implicaciones para el diseño y el mantenimiento
Trabajar con vivaces desde este enfoque implica asumir varios principios:
- Diseñar pensando en la estructura anual completa, no solo en la primavera o el verano.
- Aceptar la decadencia como parte del ciclo estético.
- Retrasar la poda hasta finales de invierno para conservar textura y refugio ecológico.
- Revisar periódicamente la plantación y ajustar densidades si es necesario.
Un jardín naturalista no es un escenario estático. Es un sistema dinámico que evoluciona, y las vivaces son su motor principal.

Conclusión: estructura antes que espectáculo
La verdadera fuerza de las plantas vivaces no está en su floración puntual, sino en su capacidad de persistir estructuralmente a lo largo del año.
Cuando el diseño se basa en morfología, textura y comportamiento estacional, el jardín deja de depender del impacto inmediato y gana profundidad.
Desde nuestro vivero en Asturias, trabajamos con esa premisa: cultivar vivaces no para el catálogo, sino para jardines reales, donde la estructura, la longevidad y la coherencia ecológica son lo que realmente sostiene el espacio.